Ciudad de Bahía Blanca, intersección de las calles Saavedra y Villarino, 28 de agosto de 2002, casi las nueve de la noche, nuestro padre, Felipe Glasman, es asesinado.
Quien acepta el mal en forma pasiva, está tan comprometido con él como quien contribuye a perpetrarlo. Quien acepta el mal sin protestar contra él, en realidad está colaborando con él.
Martin Luther King
Nuestro padre, Felipe Glasman, fue asesinado. Fue un asesinato premeditado, cobarde y brutal. Fue una ejecución ordenada por uno o más sujetos poderosos confiados en que su poder les garantizaría la impunidad. Su crimen nos ha afectado de una manera que jamás pudimos imaginar, y que aun quienes nos rodean no terminan de comprender, pues el dolor, la impotencia, la soledad, su ausencia, nos provocan sentimientos y sensaciones para los cuales las palabras no alcanzan.
Sentíamos un inmenso amor por nuestro padre, tan inmenso como la adoración y la admiración que generaba en nosotros. Nuestra pérdida implica, además de la pérdida de un padre, la de un amigo, un compañero, y una gran persona comprometida seriamente con el bienestar del prójimo. A nuestros hijos, en un instante, se les negó el derecho de conocer a su abuelo.
Luego de todos estos años exigimos que se haga justicia; que el Estado no cese de cumplir con sus responsabilidades hasta que se logre develar la verdad y enjuiciar a todos los responsables del cobarde homicidio que puso fin a la vida de Felipe Glasman. No nos interesa la difamación pública ni el linchamiento mediático. No podemos afirmar quiénes fueron los que ordenaron el asesinato de nuestro padre, y es por eso que demandamos una investigación seria, independiente, y exhaustiva.
A pesar de ciertas versiones oficiales, no es esto lo que está ocurriendo. Los funcionarios y autoridades relacionados con la investigacion nos han mentido, nos han ocultado información y elementos de prueba cruciales; les han mentido a nuestros abogados, y han sometido a investigación sin motivo alguno no sólo prácticamente a todos los abogados —acusadores y defensores— sino que han llegado al absurdo de investigarnos a nosotros, los hijos de la víctima.
Existen procedimientos irregulares de la fiscalía que amenazan la posibilidad misma de juzgar y condenar al autor material del asesinato que, por supuesto, no es el único partícipe. Se excluyen líneas de investigación que podrían llevar hasta los autores intelectuales y se obstaculiza, de modo ilegal, el acceso irrestricto a la causa por parte de nuestros abogados. El fiscal se ha negado a reunirse con uno de nosotros —Eduardo— que viajó desde New York, y puso la excusa de una supuesta enfermedad que lo tendría de licencia por una semana (aunque se presentó a trabajar al día siguiente). Tampoco atendió a nuestro abogado, a pesar de que él concurrió a la fiscalía a la hora y el día coordinados. Nos han difamado a nosotros y a nuestro abogado y han dado información falsa a los medios respecto a nuestras intenciones con la causa, nuestros intereses y relaciones familiares, causando una ruptura importante con nuestra madre.
Tenemos derecho, y así lo exigimos, a que la administración de justicia y la opinión pública nos respeten como personas y como víctimas del crimen de nuestro padre.
Tenemos derecho, y así lo exigimos, a que se respete nuestra palabra y a que no se nos adjudiquen opiniones, acciones e intereses falsos sin justificación alguna.
Tenemos derecho, y así lo exigimos, a ser informados de los actos de la fiscalía, y no a enterarnos de ellos por versiones parciales de medios que responden a intereses tendenciosos.
Las mentiras gratuitas y malintencionadas, han dañando a nuestra familia aún más. No satisfechos con ello, impugnan la integridad de nuestros abogados. Esta acción perversa y orquestada no nos detendrá. Nos sentimos obligados a construir este blog para que nuestra palabra pueda tener un lugar y para que otras voces puedan ser escuchadas.En él expondremos las miserias de quienes —vaya a saber con qué oscura finalidad—, difunden informaciones falsas, construyen hipótesis sin fundamento y, especialmente, pondremos en evidencia la práctica sistemática de la mentira que busca difamar a víctimas y abogados que no se someten a la historia oficial sin requerir pruebas.
Laura Glasman y Eduardo Glasman